Joyas del Mar Egeo

Visitar Santorini y Mykonos es perderse en el laberinto de calles empedradas; es contemplar el azul transparente del mar Egeo y su contraste con las fachadas blancas con techos azules y buganvillas fucsia. Es entrar en las tabernas, cafés y bares, y caminar sin descanso entrando en las pintorescas tiendas, tratando de evitar que la cantidad de turistas que visitan las islas se cuelen en las fotos que vamos tomando. Es contemplar puestas de sol de ensueño, y es también explorar las islas, ojalá en moto para poder sentir la brisa en la cara a la vez que contemplamos el paisaje cambiante del mar y las montañas.


Fue en esa exploración que encontramos en Mykonos la finca orgánica de Vioma, cerca del pueblo de Anomera. Una joya escondida alejada del tumulto y la algarabía del pueblo donde tan pronto uno llega lo recibe una hermosísima música clásica que parecería ser parte del proceso de cultivo de la uva. En Mykonos la tierra es árida, solo 11 pulgadas de lluvia al año y por eso resulta tan increíble encontrarse con ese pedazo de verde en un paisaje de colores tierra. Vioma ofrece wine tastings y deliciosos platos con productos orgánicos cultivados en la finca, en un lugar abierto y con vista al viñedo. Nikos, el dueño del lugar salió de Atenas hace más de 20 años para cumplir su sueño de producir vinos orgánicos. No usan pesticidas y para mantener las viñas se valen de las ovejas que se comen las hierbas.

Santorini también ofrece vinos muy buenos y los viñedos con el mar Egeo como escenario son muy especiales. La isla de Santorini se formó como resultado de la erupción de un volcán hace miles de años, y esa tierra volcánica produce unos vinos secos con fragancias únicas que no tienen otros vinos. Las matas son distintas a las que habíamos visto en otros lugares, las podan bajitas, casi a ras del piso para protegerlas del viento que en esta isla puede llegar a ser muy fuerte y para aprovechar la poca agua que cae. Visitamos dos cultivos, Boutari y Gavalas, ambos con paisajes increíbles y con deliciosos vinos.

A cada lugar que viajo sola o con mi familia, siempre buscamos una librería. En Santorini, en Oía, nos encontramos con una pequeña joya que puede llegar a ser la librería más especial que he visto en mi vida. En el 2002 un par de amigos ingleses recién graduados visitaron Oía y a uno de ellos se le terminó el libro que estaba leyendo. Fueron a buscar una librería y no encontraron ninguna. Decidieron abrir Atlantis Books y 16 años después son parte de la comunidad y cuentan con un acogedor espacio lleno de libros en varios idiomas, clásicos y primeras ediciones que no bajan de $3,000 Euros. Encontré títulos fascinantes de historias griegas que me ayudarán a conocer más ese maravilloso país que me dejó fascinada por su historia, por su gente y su forma de vivir la vida.

Una de las cosas que más me llamó la atención en Mykonos es la cantidad de iglesias y capillas que hay (!además de gatos!). Dicen que en total hay 365 Iglesias católicas y ortodoxas, pero paseando por la isla se pueden llegar a ver cientos de capillitas privadas construidas al lado de las casas. Dicen que originalmente estas Iglesias las construían las familias de marineros para dar gracias por haber regresado a salvo. Hoy en día son símbolo de afluencia y son utilizadas en muchos casos para guardar los restos de los familiares fallecidos.

Soy cazadora de atardeceres. Y en Santorini he visto los más especiales del mundo. Lo lindo es ver cómo las puestas de sol son una fiesta: los turistas salen a los balcones, se reúnen en las plazas o identifican el mejor lugar al borde de la carretera para presenciar un espectáculo que quita el aliento. Un sol inmenso que viste el cielo de tonalidades naranjas que se refleja a su vez en el mar. Al momento justo en que el sol se oculta por completo, la gente aplaude y chifla emocionada.