El alma de Palermo, Sicilia

Los mercados representan para mi una de las mejores formas de sentir el alma y conocer la cultura de un pueblo: allí confluye su idiosincrasia. El mercado de Ballaró en Palermo, Sicilia, no es la excepción; es un lugar vibrante, donde se hace palpable la atracción de los italianos por la gastronomía y donde se oyen los gritos de los vendedores anunciando su oferta y los regateos de la gente tratando de ahorrarse unos centavos. Es también el lugar donde converge su historia pasada y reciente.

Allí conocí a Luigi, un siciliano de unos 50 años que vende frutas y verduras desde hace 31 años, “la mia vita è a Ballaró”, dice sin esconder su orgullo. Pasé por su puesto de venta a mediados de junio, cuando la cosecha de frutas y verduras es más abundante en colores y sabores; duraznos y melocotones de toda clase de formas y tamaños, tomates en su rama, melones, coliflores, berenjenas, enormes sandías, aceite de olivas en modalidades que yo ni siquiera sabía que existían. Luigi cultiva sus productos cerca de Palermo, pero también les compra a otros proveedores. Su oferta se ve fascinante a pesar de que me dio a probar solo un tomate, que yo degusté a mordiscos como si fuera una manzana. ¡Ah, los tomates sicilianos! I migliori pomodori, como dice Luigi con absoluta razón.

Además de encontrar deliciosas frutas, especies, verduras, pescados y demás, los mercados son en muchos casos el centro económico del pueblo y un reflejo de sus problemáticas sociales. En el caso de Palermo una de las más complejas es la migración. Luigi me cuenta que tradicionalmente en Ballaró se ha visto la misma gente, los mismos vendedores que heredan el oficio de generación en generación, pero en los últimos tiempos se han ido sumando inmigrantes africanos (aunque también de India, Pakistán o Bangladés). Llegan a Sicilia huyendo de situaciones de pobreza, violencia, y persecuciones políticas, con la esperanza de tener una vida mejor a la que dejaron.

Muchos inmigrantes del África subsahariana llegan a Sicilia por la ruta de Libia, algunos incluso pasan un año entero en ese trayecto y se ven enfrentados al paso del estrecho entre Libia y Sicilia que es de los más peligrosos del Mediterráneo. Muchos no llegan a cumplir su sueño de formar una nueva vida en Italia.

Viven alrededor del mercado y se han dedicado a vender productos de su tierra de origen, ampliando la oferta, pero sumando a una problemática social que no es fácil para las autoridades de manejar. La economía se mueve de manera muy informal, dando espacio a que no solo los inmigrantes lleguen, sino también la mafia. Porque no se puede hablar de Palermo sin hablar de la mafia. Y en un ambiente de poca regulación, -como lo es Ballaró- la mafia se aprovecha de los recién llegados refugiados para desarrollar sus actividades ilegales, como el contrabando. Además de los productos frescos en Ballaró se pueden conseguir teléfonos, televisores, juguetes, y otros artículos para el hogar que según Luigi antes no se conseguían.

Quizás el mercado de Ballaró no es el mismo que el de hace 31 años cuando Luigi empezó a comercializar sus frutas y verduras. El Ballaró de hoy es un microcosmos de lo que es actualmente Sicilia: una sociedad globalizada que ha logrado conservar su identidad y sus costumbres, a pesar de las oleadas migratorias que siguen llegando.

Me hubiera gustado volver a visitar a Luigi, pedirle que me presentara a su gente, comprarle más tomates y aceite de oliva. Me pasa que nunca parece ser  suficiente el tiempo que le dedico a los lugares que visito, y desafortunadamente en esta ocasión estaba de paso por Palermo y no pude volver; pero alcancé a agradecerle su conversación, reiterar que los mercados son de mis lugares favoritos, y comprobar que los tomates sicilianos son ¡los mejores del mundo!

Palermo, Sicilia

Palermo, Sicilia

 

 

Joyas del Mar Egeo

Visitar Santorini y Mykonos es perderse en el laberinto de calles empedradas; es contemplar el azul transparente del mar Egeo y su contraste con las fachadas blancas con techos azules y buganvillas fucsia. Es entrar en las tabernas, cafés y bares, y caminar sin descanso entrando en las pintorescas tiendas, tratando de evitar que la cantidad de turistas que visitan las islas se cuelen en las fotos que vamos tomando. Es contemplar puestas de sol de ensueño, y es también explorar las islas, ojalá en moto para poder sentir la brisa en la cara a la vez que contemplamos el paisaje cambiante del mar y las montañas.


Fue en esa exploración que encontramos en Mykonos la finca orgánica de Vioma, cerca del pueblo de Anomera. Una joya escondida alejada del tumulto y la algarabía del pueblo donde tan pronto uno llega lo recibe una hermosísima música clásica que parecería ser parte del proceso de cultivo de la uva. En Mykonos la tierra es árida, solo 11 pulgadas de lluvia al año y por eso resulta tan increíble encontrarse con ese pedazo de verde en un paisaje de colores tierra. Vioma ofrece wine tastings y deliciosos platos con productos orgánicos cultivados en la finca, en un lugar abierto y con vista al viñedo. Nikos, el dueño del lugar salió de Atenas hace más de 20 años para cumplir su sueño de producir vinos orgánicos. No usan pesticidas y para mantener las viñas se valen de las ovejas que se comen las hierbas.

Santorini también ofrece vinos muy buenos y los viñedos con el mar Egeo como escenario son muy especiales. La isla de Santorini se formó como resultado de la erupción de un volcán hace miles de años, y esa tierra volcánica produce unos vinos secos con fragancias únicas que no tienen otros vinos. Las matas son distintas a las que habíamos visto en otros lugares, las podan bajitas, casi a ras del piso para protegerlas del viento que en esta isla puede llegar a ser muy fuerte y para aprovechar la poca agua que cae. Visitamos dos cultivos, Boutari y Gavalas, ambos con paisajes increíbles y con deliciosos vinos.

A cada lugar que viajo sola o con mi familia, siempre buscamos una librería. En Santorini, en Oía, nos encontramos con una pequeña joya que puede llegar a ser la librería más especial que he visto en mi vida. En el 2002 un par de amigos ingleses recién graduados visitaron Oía y a uno de ellos se le terminó el libro que estaba leyendo. Fueron a buscar una librería y no encontraron ninguna. Decidieron abrir Atlantis Books y 16 años después son parte de la comunidad y cuentan con un acogedor espacio lleno de libros en varios idiomas, clásicos y primeras ediciones que no bajan de $3,000 Euros. Encontré títulos fascinantes de historias griegas que me ayudarán a conocer más ese maravilloso país que me dejó fascinada por su historia, por su gente y su forma de vivir la vida.

Una de las cosas que más me llamó la atención en Mykonos es la cantidad de iglesias y capillas que hay (!además de gatos!). Dicen que en total hay 365 Iglesias católicas y ortodoxas, pero paseando por la isla se pueden llegar a ver cientos de capillitas privadas construidas al lado de las casas. Dicen que originalmente estas Iglesias las construían las familias de marineros para dar gracias por haber regresado a salvo. Hoy en día son símbolo de afluencia y son utilizadas en muchos casos para guardar los restos de los familiares fallecidos.

Soy cazadora de atardeceres. Y en Santorini he visto los más especiales del mundo. Lo lindo es ver cómo las puestas de sol son una fiesta: los turistas salen a los balcones, se reúnen en las plazas o identifican el mejor lugar al borde de la carretera para presenciar un espectáculo que quita el aliento. Un sol inmenso que viste el cielo de tonalidades naranjas que se refleja a su vez en el mar. Al momento justo en que el sol se oculta por completo, la gente aplaude y chifla emocionada.