Música en la sangre

La República Dominicana es un país maravilloso. De paisajes exuberantes y de gente cálida y alegre. El buen humor y la hospitalidad de los dominicanos reciben a sus visitantes desde la llegada al aeropuerto Internacional de las Américas, en Santo Domingo.  Allí comienzan los piropos a las mujeres, una de las constantes de los hombres dominicanos, quienes gozan de una gran creatividad, a la hora de referirse a la belleza de una mujer. Es parte de la cultura, aunque no se limita solamente al género masculino. Tan es así que en algunos barrios se han llevado a cabo concursos de piropos, en los que han sobresalido poetas escondidos, entre hombres y mujeres que regalan frases de amor a sus enamorados. Solo en este país, me he encontrado con algo igual.

República Dominicana: país de bachata y merengue. La música y el ritmo los llevan en la sangre, y se les nota al andar, al hablar, al reír. Su alegría es contagiosa. En cualquier contexto, en cualquier condición, siempre se verá a la gente sonreír.

El dominicano parece no tener prisa. Yo que vivo corriendo de un lado para otro tengo mucho que aprender de ellos. Se toman la vida con calma. Y a pesar del trabajo, de los problemas y vicisitudes de la vida, le sacan tiempo a todo. En un contexto de trabajo esta actitud puede llegar a impacientar un poco, por decir lo menos; la impuntualidad es la orden del día. No importa quién sea el que está esperando. Saben que igual la reunión o la cita se va a dar, entonces, ¿para qué preocuparse?

Nadie como los dominicanos para inventar palabras. Comprendo que todos los países tienen su jerga. Pero hay que ver la inventiva que tienen los dominicanos! Hablando el mismo idioma, en muchas oportunidades he tenido que pedir explicación. Yo pregunto: “¿vamos?”, y me responden: “casimente”.

Cada vez que he pisado tierra dominicana he salido de allí satisfecha: no solo por el trabajo realizado, sino por esos elementos de la idiosincrasia dominicana que hacen que el visitante siempre se sienta acogido y feliz!

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