Sin rumbo fijo

Siempre me había dado vueltas la idea de ir al aeropuerto sin ningún destino predeterminado. Así, sin pensarlo. Hoy era el día. Que no me hubiera respondido las llamadas desde hace una semana era la señal que necesitaba. Ahora sí que no sabía nada. Ni dóndes, ni cuándos, ni porqués.

Con esa determinación, eché un par de mudas y las cosas de aseo en una pequeña maleta. Guardé mi pasaporte entre la cartera, verifiqué que las hornillas de la estufa estuvieron apagadas, y cerré la puerta de mi casa sin tener la certeza de cuándo regresaría. Tomé un taxi y me fui al aeropuerto, imaginando a dónde viajaría. Tenía mis tarjetas de crédito al día, y por una vez en la vida estaba dispuesta a dejarme llevar. Dejarme llevar por lo que me trajera el destino, alejándome de esos múltiples mensajes que había enviado en la última semana y que no habían sido respondidos. Estaba harta de los horarios, de las listas interminables de cosas por hacer. Estaba harta de los esquemas, pero más que nada, estaba harta de supeditar mi felicidad a una llamada telefónica que no llegaba.

Una vez en el aeropuerto me paré delante de la pantalla de información de salidas nacionales e internacionales. Buenos Aires, Paris, Bangalore, La Habana. La lista era interminable pero mis ojos de detuvieron en Paris. El próximo vuelo era en un par de horas, justo el tiempo para acercarme al mostrador de American Airlines, comprar el tiquete y dirigirme a la sala de espera.  – ¿Cuál es el motivo de su viaje a Paris? – me preguntó el agente de American. -Voy de visita-, le dije. – ¿En dónde se hospedará? – En el hotel Marriot de los Champs Elysees-, le mentí. Sin más, me entregó el pasabordo. Silla 40 D. Precisamente la penúltima silla del avión, en el medio, a mí, que odio viajar en la parte de atrás del avión, donde se siente más la turbulencia y el olor nauseabundo de los baños. Pero no importaba. Mi mente estaba abierta. Mi vida se reinventaba ante mí.

Aterricé en el aeropuerto internacional Charles de Gaulle a las 7 de la mañana de un martes soleado y de cielo azul intenso. Los latidos de mi corazón se opacaban con los motores del avión.  Durante mucho tiempo había soñado con volver a Paris. Al Paris de Rayuela, la Maga y Horacio. Y ahora, por un impulso dictado por mi intención de mandar todo al carajo, estaba ahí. -Bienvenue a Paris-, nos dijo el piloto americano con una pésima pronunciación.

Así empezó esta aventura que me llevó a más de 22 ciudades distintas. Lugares insospechados que difícilmente hubiera visitado antes de tomar la decisión de irme al aeropuerto sin rumbo fijo aquella lejana mañana. En cada ciudad que visité se me abrió un mundo lleno de gente y oportunidades nuevas que fueron marcando mis próximos pasos. Lejos quedaban ya los mensajes enviados y no respondidos que tanto me atormentaron alguna vez. Al despedirme de mi vida pasada reinventé una nueva, en espera siempre de mi próximo destino, sin importar dóndes, cuándos, ni porqués.

 

2 comentarios en “Sin rumbo fijo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s