Detrás de la muralla: la exclusión social en Cartagena

La ciudad amurallada brilla en una noche de luna llena. Restaurantes y bares están abiertos hasta tarde, en espera de comensales de todas partes del mundo que entran por sus puertas engalanados después de un día de turismo intenso. No muy lejos de allí, cientos de familias que han construido sus viviendas en barrios de invasión, difícilmente consiguen alimentar a sus hijos.

Cartagena es conocida por el turismo, por la imponente pared de piedra de la ciudad amurallada, sus paredes coloridas y sus hermosos balcones. Pero hay una realidad más allá de la muralla que muchos de los visitantes de Cartagena desconocen.

La acelerada urbanización de Cartagena en las últimas décadas, resultado en gran medida del desplazamiento de personas que han huido de sus lugares de origen escapando de la violencia, constituye un enorme desafío para los gobiernos de turno. Las familias desplazadas se han asentado en barrios de invasión, ampliando los cinturones de miseria a los que ni los recursos, ni la voluntad del gobierno local llega. Viven hacinados en pequeñas viviendas que ellos mismos construyen a base de ladrillo y latas, sin acceso a los servicios públicos básicos. El 29.1% de la población en Cartagena se encuentra por debajo de la línea de pobreza, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE.

El turismo y la actividad portuaria generan ingresos importantes para la ciudad. De hecho, Cartagena es una de las ciudades que más aportan a la economía nacional. Sin embargo, los barrios más vulnerables se quedan al margen de ese boom, aumentando la exclusión social y el índice de pobreza.

¿Cómo entender que a pesar del auge del turismo en Cartagena se registren niveles de pobreza tan elevados? Los malos manejos administrativos, y especialmente la corrupción, han sido factores determinantes que han impedido avanzar en la disminución de la pobreza. Actualmente el gobierno atraviesa por una crisis institucional que concluyó con la suspensión de funciones del alcalde.

Lo que el gobierno no ha encarado, lo han logrado organizaciones sin ánimo de lucro independientes, que conscientes de que la situación no da espera, han desarrollado iniciativas de alto impacto para el desarrollo local. El caso más representativo es el de la Fundación Juan Felipe Gómez Escobar, la Juanfe, como es conocida en Cartagena.

Bajo el liderazgo de Catalina Escobar, esta fundación tiene el doble propósito de reducir las tasas de mortalidad infantil y de embarazo adolescente, situaciones que resultan de la pobreza extrema. Con una construcción de 13,000 metros cuadrados, desde el edificio el concepto es de sostenibilidad (El complejo tiene la certificación LEED, categoría plata del US Green Building Council). Respeto al ecosistema y desarrollo sostenible son aspectos transversales en las diferentes áreas de operación.

Con el apoyo del sector empresarial, anualmente la Juanfe (con un equipo de 100 personas), atiende a 850 madres adolescentes que viven por debajo del índice de pobreza y que por ser madres desde tan temprana edad -12 años-, no logran salir de ese círculo, porque para dedicarse a sus bebés dejan de estudiar. La Juanfe busca romper esos patrones, y ofrece a las jóvenes (entre 12 y 19 años), capacitación en las áreas de belleza, servicios de turismo y cocina, oficios que son demandados en la ciudad y que les permite conseguir empleo fácilmente, con la ayuda de la propia fundación.  La capacitación que reciben es integral, con servicios de psicología, ginecología, nutrición, entre otros. Adicionalmente atiende a 23,000 pacientes en el Centro Médico, ofrece alimentación a 600 personas diariamente, asiste a 250 bebés en el Centro Integral de Desarrollo Infantil, y salva a 320 bebés cada año. La Juanfe ha incidido en 185,000 personas, en una ciudad de 1 millón de habitantes.

El empoderamiento de las madres adolescentes resulta en una transformación que les permite tener una perspectiva más amplia de su vida, no caer en otro embarazo no deseado y valorarse como mujeres capaces de salir adelante a través del estudio y el trabajo.

Esfuerzos como el de la Juanfe son aportes que han generado un impacto significativo en el desarrollo de Cartagena. Sin embargo, es urgente que se dé un fortalecimiento institucional en el sector administrativo de la ciudad, y que los gobiernos orienten sus planes de desarrollo a la meta de cerrar la brecha de desigualdad que impera en la actualidad. Igualmente, la industria del turismo debe promover una mayor conciencia de la situación, satisfaciendo las expectativas de los miles de turistas que llegan y se deslumbran con la belleza de la ciudad, pero siendo conscientes de su responsabilidad en la creación de oportunidades para próximas generaciones.

Publicado en El Nuevo Herald, agosto 18, 2017. 

 

 

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